Nadie recuerda a Mitra

Las divinidades siempre han formado parte de todas las culturas y civilizaciones. Podríamos decir que se debe a la maravillosa pero inquebrantable necesidad de conocer, de comprender, de llegar más allá. Los dioses nos ayudan a ello, dando sentido a grandes preguntas. A veces, incluso, pierden su función de guardianes, hacedores y protectores de la existencia y son utilizados con meros fines políticos o económicos.

Pero no es el caso del dios Mitra, olvidado por todos. Ya no tiene seguidores, ya el fuego no arde en sus templos ni las plegarias en su nombre resuenan en los campos de batalla. Mitra, el dios que asciende como el sol, que renace a los tres días, ha dejado de brillar.

Mitra es la piedra angular de una religión que lleva su nombre: el mitraísmo. Este cuerpo de creencias es una más de las religiones mistéricas. Una religión de esta naturaleza es la basada en la experiencia, en lo ritual, en la práctica y no en la palabra o la enseñanza.

Las religiones mistéricas no tienen escrituras sagradas y están compuestas por una serie de misterios que nadie puede revelar. Los únicos conocedores de estas verdades divinas son los seguidores de estas religiones. Varios autores han planteado teorías sobre la necesidad de este tipo de ritos, ya sea para protección de una comunidad o la simple idea de pertenencia a un reducido grupo al que casi nadie puede pertenecer.

El comienzo de este culto está desdibujado en las secas arenas del Medio Oriente, siendo quizás la antigua Persia su lugar de origen, apareciendo en los primeros textos sobre el año 1400 a.C. Así lo afirma el autor de Los Misterios de Mitra (1900), Franz Cumont, arqueólogo e historiador belga. Su culto se extendería hasta la India, llegando a ser el dios de la luz que aparece en los Himnos Védicos, aquel conjunto de escritos de una antigua religión india previa al hinduísmo.

Mitra siempre se ha identificado con lo solar y lo luminoso, con el brillo cegador.

Durante el Imperio Romano llegó a tener multitud de seguidores, con decenas de templos a lo largo de todo el territorio romano y siendo apoyado por emperadores como Cómodo. Era una religión que triunfaba en el mundo militar, entre las legiones sobretodo, siendo sus templos cuevas que estaban profusamente decoradas.

La historia de Mitra comienza con su nacimiento, cerca de un manantial bajo un árbol sagrado en una cueva. Al nacer, traía consigo una antorcha, un cuchillo y un gorro frigio, que marca su naturaleza oriental. Los pastores, al parecer, se acercaron para adorarle. Y esta no es la única referencia a Cristo. Mitra y Jesús comparten muchas similitudes. Hablaremos sobre ello.

Templo de Mitra. Fuente via: losmitosdeltoro.com

 

El relato de sus andanzas continúa con el encuentro de Mitra con el toro primordial, que se encontraba tranquilamente pastando. Tras una lucha entre el dios y el animal, Mitra consiguió dominarlo y llevarlo a su cueva. El Sol decidió entonces que aquel era el momento perfecto. Avisó a Mitra para que matara al toro. Del cuerpo moribundo del animal brotó trigo y vino. Con el semen surgieron animales necesarios para las actividades humanas. Este hecho, el de la muerte del toro, es la principal referencia en toda iconografía del dios. En las pinturas y esculturas, Mitra parece disgustado, ya que no quiere realizar el sacrificio.

Para David Ulansey, profesor estadounidense de Filosofía y Religión, la religión de Mitra servía para hablar de las constelaciones. El Sol está en una constelación distinta cuando llega al equinoccio de primavera, cambiando su posición cada 2.160 años. Del año 4.000 a.C. al 2.000 a.C, período en el que surge el mitraísmo, el Sol se encontraba en la constelación de Tauro. Quizás el asesinato del toro por parte de Mitra nos habla del cambio de era, del fin de este período cósmico.

Conocemos los ritos mitraícos gracias a los escritos de los padres de la Iglesia, que criticaban con dureza a este culto. Sabemos, así, que no estaban permitidas las mujeres, pero sí los niños. Se realizaba un banquete ritual, como la eucaristía cristiana. Según la arqueología, los alimentos principales en estos ritos eran pan y vino. Resuena aquello de ‘Carne de mi carne, sangre de mi sangre’. Sobre las manos de los fieles se vertía miel, que éstos lamían.

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Como se apuntaba anteriormente, algunos autores han observado cierto sincretismo de Mitra con Cristo, ya que se cree que ambos nacieron el 25 de Diciembre, forman parte de una triada, transmitían enseñanzas morales, ambos eran salvadores, el ritual de Mitra es indudablemente parecido a la eucaristía cristiana, además de la presencia del bautismo en ambos cultos.

Hubo reinos enteros en los que Mitra era el dios principal. Hubo reyes que llevaron su nombre, como Mitrídates VI, rey del Pontos a principios de siglo II a.C, enemigo de la República Romana. Hubo vidas, muchas vidas, consagradas a esta vieja divinidad. Y ahora no queda nada, Mitra se encuentra olvidado. La mayor parte de sus templos sagrados aún no han sido encontrados. Quizás sobrevivió con otro nombre, quizás las coincidencias entre él y el rey de los judíos, hijo de Dios, sean algo más que eso, coincidencias. El olvido aún no ha acabado con él, pero se acerca. Mitra ya forma parte del panteón de los dioses olvidados.

 

Fuentes:

Campbell, J., (1991), Las máscaras de Dios. Mitología occidental.

See Also

Campos, I., (2010), Fuentes para el estudio del Mitraísmo, Cabra.

Cumont, F., “The Mysteries of Mithra. The Origins of Mithraism”http://www.sacred-texts.com/cla/mom/mom04.htm#page_1

Griffith, A. B., (1995), Mithraismo, en The Ecole Initiative.

Loisy, A., (1967), Los misterios paganos y el misterio cristiano, Paidos, Biblioteca de ciencia e historia de las religiones, 1967.

Marrou, H.-I., (2004), Historia de la educación en la antigüedad, Fondo de cultura económica.

Vermaseren, M. J.,(1963), Mitras, el Dios Secreto.

 

 

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