Isla de Pascua (I): desmintiendo mitos

Si hay una sociedad que ha sido ninguneada esa ha sido la sociedad polinesia de la Isla de Pascua, aislada en medio del Océano Pacífico a 3.700 km de las costas de Chile al este y a 2.100 km de las islas Pitcairn de Polinesia al oeste. Esta cultura es conocida por sus características esculturas antropomorfas gigantes de las que se ha dicho que debieron ser influenciadas por culturas más desarrolladas o incluso por extraterrestres porque, desde nuestra concepción eurocentrista de la historia y del desarrollo de la humanidad, cómo iban a construir semejantes esculturas unos pobres salvajes.

La isla fue formada por tres volcanes emergidos del mar en diferentes momentos pero que han permanecido inactivos durante la ocupación humana; el Poike al sudoeste, el Rano Kau en la esquina sudoccidental y el Terevaka al norte del triángulo. Este último cubre casi la totalidad de los 106 km cuadrados que tiene la isla de Pascua.

Mapa de la Isla de Pascua. Fuente: Pratt, 2004, p. 6.

 

Las últimas investigaciones apuntan a que la isla fue colonizada por sociedades que habitaban las islas de Mangareva, Pitcairn y Henderson en torno al año 900 de nuestra era. Los isleños afirman que el líder de la primera expedición que consigue poblar el territorio fue Hotu Matúa (“el Gran Progenitor”), que junto a su clan familiar llegan en grandes canoas.

La primera vez que los indígenas conocieron al hombre blanco fue en 1722 cuando el explorador holandés Jacob Roggeveen descubre la isla un día de Pascua (de ahí su nombre). Desde el primer momento él y su tripulación quedaron fascinados con las impresionantes estatuas antropomorfas, la misma pregunta que un viajero puede hacerse a día de hoy; «¿cómo consiguieron erigir semejantes monumentos?», ya se la hicieron estos marineros. Gracias a estudios interdisciplinares desarrollados en los últimos años, ahora podemos darle respuesta a estas cuestiones.

Las estatuas que han sido puestas en pie tienen una altura media de 4 metros de longitud y un peso de 10 toneladas, sin embargo encontramos casos como el de Paro, una figura de 10 metros de altura y 75 toneladas de peso. También hay figuras de mayor porte como El Gigante, que los isleños no fueron capaces de transportar, y se encuentra tumbado en el volcán de Rano Kau con un tamaño de 21 metros de longitud y 270 toneladas. 

Proporción estatua Paro. Fuente: Pratt, 2004, p. 28

 

Estas estatuas de piedra se conocen como moai y se han hallado un total de 887 de las cuales el 95% provienen de Rano Kau. Representan una figura antropomorfa con una cabeza rectangular con cejas y nariz prominente, delgados labios y lóbulos de las orejas alargados. Tiene unos brazos delgados con finos y largos dedos que llegan hasta su barriga. En ocasiones se buscaba hacer destacar unas estatuas frente al resto para ello se colocaban ojos hechos de coral blanco con la pupila de color rojo. Se han encontrado en períodos más tardíos que algunas de las figuras llevaban el pukao, un cilindro adosado a la cabeza de escoria roja que podría representar una especie de corona, dándoles distinción a un centenar de moais.

Se piensa que podría representar al dios creador Makemake o a antepasados que alcanzaron en vida una gran reputación. A pesar de lo que cabría pensar de una sociedad desarrollada en una isla y que busca mirar más allá de la tierra que conocen, los maoi siempre eran colocados mirando hacia el interior de la isla, como buscando la protección de sus habitantes bajo su atenta mirada. Normalmente se levantaron en la misma tierra pero en ocasiones lo hicieron sobre unas plataformas llamadas ahu.

El ahu es una plataforma rectangular hecha con relleno de escombros de piedras de varias toneladas de peso con paredes de basalto gris, llegando a alcanzar un total de entre 300 y 9.000 toneladas. De los más de 300 ahu encontrados, solo 113 tienen maoi. Alcanzan una altura de unos cuatro metros en su muro posterior, precisamente la cara que da al mar, la parte delantera está formada por una pendiente que desemboca en una plaza. Estos lugares cumplían una función ceremonial y religiosa donde a los difuntos se les practicaba la cremación para guardar sus restos humanos en la cara posterior que mira al mar.

Dibujo de plataforma. Fuente: Pratt, 2004, p. 55.

 

Pero la población de la isla de Pascua no contaba con grúas, rueda, herramienta metálica o animal de tiro. Entonces, ¿cómo pudieron transportar y erigir estas estatuas? En primer lugar debemos hablar de su organización social y así comprender como coordinaban la fuerza de trabajo y cuáles eran los motivos que los impulsaban a invertir tanta energía. Se organizaron como cualquier sociedad tradicional; jefes y aldeanos. La isla quedaba dividida de forma radial, desde la costa hasta el centro, en unos doce territorios cada uno de ellos con su propio clan y jefe. Todo hace pensar que hubiese un líder que sobresaliese sobre el resto que unificara la isla desde un punto de vista religioso y económico, ya que era necesario articular un sistema de creencias común que guiara la vida de los individuos y un sistema comercial que pusiera al alcance de todos los clanes los distintos recursos de la isla. De igual modo que convivían y trabajaban juntos, competían entre los distintos clanes para ver quién era el que conseguía levantar el mayor maoi, se piensa que este es el motivo de que cada vez se erigieran mayores esculturas y se les añadiera el pukao, para hacer ver qué clan era superior al resto en fuerza y destreza.

El segundo aspecto al que hay que atender es a su producción. Los maoi eran tallados en los lugares de extracción de la materia prima, la cantera de los volcanes. Se fabricaban en posición horizontal y bocarriba. Comenzaban tallando en la roca el volumen de la escultura para luego darle los detalles de la cabeza y el cuerpo, dejando una quilla en la espalda que la mantenía unida a la roca madre que sería tallada finalmente a la hora de transportarla. La herramienta utilizada para el tallado era un toki ayudándose de agua para ablandar la roca. Por medio de la arqueología experimental se ha calculado que seis hombres trabajando todo el día hubiesen tardado entre doce y quince meses en tallar un maoi de tamaño medio.

Tallado de estatua. Fuente: Pratt, 2004, p. 36.

 

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Respecto al transporte de los maoi se han propuesto muchísimas teorías, en algunas de ellas incluso seres mágicos estaban implicados. Sin embargo, yo os traigo la hipótesis de Jon Anne van Tilburg; por medio de la arqueología experimental y con la ayuda de un grupo de isleños construyeron una especie de trineo de madera al que ataron el maoi y que con la ayuda de sogas consiguieron arrastrar. El experimento concluyó que un grupo de 56 personas trabajando cinco horas al día y bien sincronizadas podría desplazar un maoi de un tamaño medio (12 toneladas), los 14 km de recorrido que tenían los caminos, en una semana.

Finalmente, el proceso más delicado era el de erigir las estatuas. Para ello los isleños explicaron a Thor Heyerdahl el mecanismo que utilizaban sus antepasados, no sin antes mostrarle su indignación por el hecho de que ningún arqueólogo les había preguntado antes. El proceso era sencillo, haciendo palanca con troncos iban levantando la pieza desde la cabeza, una vez conseguían elevarla unos centímetros deslizaban piedras bajo la cabeza para fijar la nueva posición. Poco a poco iban elevando la figura hasta llegar al momento más delicado, la inclinación final en un ángulo recto, era entonces cuando el maoi podía caerse y destrozar el esfuerzo de todo un pueblo durante meses. Para solucionar esto, la base de las estatuas no era completamente perpendicular al cuerpo sino que se utilizaban ángulos de unos 87° y posteriormente lo nivelaban.

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Autóctonos erigiendo una estatua. Fuente: Pratt, 2004, p. 49.

 

No obstante, cuando el hombre blanco llegó en el siglo XVIII a la isla se encontró con la misma isla que nosotros podemos observar hoy, una tierra baldía donde no hay arbustos de más de 2 metros de altura y con escasos recursos alimenticios. Por lo tanto, ¿de dónde sacaron los isleños la madera para fabricar estos trineos, las sogas de arrastre o los recursos para sofocar las exigencias alimenticias de este tenaz trabajo? La respuesta la podréis conocer en la segunda parte de este artículo, el cual os insto a leer pues plantea hipótesis “ecologistas” muy interesantes basadas en los datos aportados por un estudio científico interdisciplinar.

 

Fuentes:

Diamond, J., 2015: Colapso. Por qué unas sociedades perduran y otras desaparecen.

Pratt, D., 2004: Easter Island: land of mystery. 

 

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