V. Jacinto Benavente, el de los premios

Bueno, nefanditos y nefanditas, hoy voy a contaros cosas sobre uno de los Maricones de Antaño más interesantes, que llegó a ganar el Premio Nobel de Literatura y todo.

Se trata de Jacinto Benavente (1866-1954), que era este señor tan bien vestido.

La gente suele pensar que Benavente es más aburrido que una carrera de caracoles, y es verdad que alguna de sus obras de teatro parecen una película de Antena 3, pero hay muchas cositas curiosotas si te pones a buscar y saber leer entre líneas.

Seguro que alguna vez os han obligado a leer «Los intereses creados» (1907), que mola lo más, porque va de dos caraduras que quieren hacerse con mucho poder y dineritos. Crispín, uno de los protas, le va contando a Leandro qué hacer para conseguirlo todo.

 

Y de la relación entre los dos… pues se ha dicho de todo, y ya sabéis lo que dice el refrán: «que si fue, que si vino, que se la comió por el camino».

Una obra poco conocida pero que para lo que nos interesa es muy importante es «De muy buena familia» (1931), que cuenta la historia de un chico al que le pasan cosas que nunca se dicen, pero que le hacen chantaje con contarlas…

Y si te paras a pensar pues es evidentérrimo que las cosas que le pasan al mozo son cosas nefandas. Pero lo más interesante no es eso, ¡para nada! Lo más curioso es que es muy posible que….

¡LO QUE SE CUENTA EN LA OBRA SUCEDIÓ DE VERDAD!

Voy por partes: Benavente tenía un secretario que se llamaba Ernesto Pérez Saúco. Y se dice y se cuenta que además de secretario era otras cositas. Cositas nefandas, ya tú sabeh.

El caso es que un día Ernesto convence a don Jacinto de que tienen que contratar a un mozuelo para que sea su criado: Vidal Fernández, que parece que estaba muy bien criado. Vamos, que estaba to bueno. Y lo contrataron.

Pues estaban ellos tan ricamente en su poliamor modernista, pero un día que Benavente estaba de viaje… Ernesto denunció un robo en su casa, porque entre otras cosas habían desaparecido 30.000 pesetas de don Jacinto y también unas joyas suyas.

Hubo un juicio, y lo que se oyó allí… tremendo, tremendo. A Benavente se le calentó un poco la boca, y entre declaraciones, cartas y demás, soltó todo esto el angelito:

«Con las criadas, con todo el mundo, no hacías más que desacreditarme con el espionaje y preguntando quién iba y quién no iba a casa. Eres un falso, un judas y un envidioso y basta. Y no vuelvas a escribirme porque sin abrir las cartas irán a la mierda y cuidado con poner anónimos a nadie como acostumbras como toda marica enredadora».

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Al final fue Vidal el que acabó en la cárcel, y Ernesto fue condenado como encubridor. Vamos, que se habían puesto de acuerdo los dos para robarle los dineros a don Jacinto y, claro, se rebotó bastante con el robo y todo lo demás que nos imaginamos…

De Benavente se cuentan muchas anécdotas más: cuando estrenó «Una señora» (1920) la gente, que siempre ha sido tela de cabrona, cantaba esta cancioncilla:

«El ilustre Benavente
ha estrenado «Una señora»
y a coro dice la gente:
¡¡ya era hora!!»

En otra ocasión coincidió con la madre de Estrellita Castro, que le dijo que «tenía un hijo como él». Benavente preguntó «¿escritor?», y la señora le respondió «No, maricón». Tela de maja la Sebastiana, ¿eh? 

Lo chachi es que don Jacinto no se quedaba callado: otro día se encontró con José María Carretero en una calle del centro, y como los dos no cabían en la misma acera, y uno tenía que apartarse, este señor le dijo «Pues yo no me aparto delante de maricones»…

Y Benavente se bajó a la calzada y le soltó: «PUES YO SÍ».

Ya os contaré más anécdotas sobre don Jacinto, que tiene mil cosas que recordar (¡Lorca le robó un novio!). De momento os dejo esta foto, para que améis y temáis esa mirada que parece que está diciendo… que os va a robar las joyas ;)

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