Esto da para peli de Almodóvar

Dice Fernando Trueba que el cine es la única memoria real que existe. El cine nos explica como sociedad, crea identidad colectiva, deja un testimonio imprescindible de su época para los que vienen después. En definitiva, el cine nos ayuda a entendernos. Me pregunto cuántas veces se habrá mentado a García Berlanga al presenciar un debate político en este país. Todos hemos aludido alguna vez a Paco Martínez Soria para explicar la ignorancia. Cuánta gente habrá citado aquello de “¡Alcalde, todos somos contingentes, pero tú eres necesario!”

Antes de haber visto las películas de Pedro Almodóvar, ya había escuchado el adjetivo “almodovariano” (se me ocurren muy pocos directores cuya obra genere un adjetivo calificativo en el acervo popular); había oído mil veces frases como “esta historia da para una peli de Almodóvar” o “Fulanita parece sacada de una película de Almodóvar”. Así que la primera vez que fui al cine a ver una película suya, estaba entrando a un universo que de alguna manera ya conocía.

La generación anterior a la mía fue a la vez testigo y motor de la evolución narrativa y estética del cine de su cine; pero, para los que nacimos en los noventa, una parte fundamental de Almodóvar ya estaba ahí cuando llegamos. Mi descubrimiento de la filmografía del director manchego no siguió un orden cronológico, ni de ningún tipo. Fue más bien desordenado, caótico; devoré sus películas conforme fueron cayendo en mis manos.

Fotograma de «Volver» (2006), protagonizada por Penélope Cruz, Lola Dueñas, Carmen Maura y Joana Cobos

Era el estreno de Volver (2006) y yo estaba despidiéndome de mi infancia. Empezó el pase y allí estaba la Raimunda, metiendo el cadáver de su marido en el congelador de un restaurante y cantando un tango por bulerías. Recuerdo que salí del cine con el entusiasmo de quien descubre un clásico; y al poco tiempo alquilé Mujeres al borde de un ataque de nervios (1988). Con los años, fueron llegando Todo sobre mi madre (1999), Carne Trémula (1997), Entre tinieblas (1983)… y con las herramientas que fui adquiriendo camino de la adultez empecé a entender aquello que se nombraba como el universo Almodóvar: la frivolidad, la complejidad dramática, la estridencia, las madres y las hijas, las drogas, el humor seco e inteligente, la crítica, los colores, las pasiones, los boleros. Incluso viendo las cintas por primera vez, personajes y tramas me resultaban casi familiares; bien colocados en un mundo que a manos de cualquier otro autor habría resultado desubicado.

Intuí un diálogo entre las películas; había algo más allá del marco estético que las entrelazaba. Para los espectadores más aguerridos, esta reflexión no tiene nada de novedosa; sin embargo, es uno de los aspectos más emocionantes para quien empieza a asomarse a su cine, como si se fueran rastreando las pistas de un mapa. Aquella intuición se concretó cuando vi La flor de mi secreto (1995). La película gira en torno a la vida de Leo (Marisa Paredes), una atormentada escritora de novelas románticas que firma bajo pseudónimo porque odia su producción literaria. La misma premisa de la película ya me resulta familiar: en Entre tinieblas (1983), la sempiterna Chus Lampreave encarnaba a Sor Rata de Callejón, una monja que lleva una doble vida como autora de best-sellers de novela rosa.

La flor de mi secreto arranca con una simulación en la que dos médicos intentan convencer a Manuela (Kiti Mánver) de que done los órganos de su hijo recién fallecido. Enseguida me doy cuenta de que es una secuencia que ya he visto antes: Almodóvar había recuperado al mismo personaje, en la misma situación, como protagonista de Todo sobre mi madre (1999), sólo que aquella Manuela la encarnaba Cecilia Roth.

Cecilia Roth interpretando a Manuela en «Todo sobre mi madre» (1999)
Kiti Mánver interpretando a Manuela en «La flor de mi secreto» (1995)

Pero eso no es todo. A mitad de metraje, Leo (Marisa Paredes) mantiene una reunión con su editora, y hablan de la novela que está escribiendo: la historia de “una madre que descubre que su hija ha matado al padre después de que este intentara violarla. Y que para que nadie se entere, la madre lo hiberna en la cámara frigorífica del restaurante de un vecino”. No hace falta haber estudiado la filmografía
de Almodóvar a fondo para descubrir en esta línea de diálogo el argumento de Volver . El germen narrativo de una de las películas más importantes de su última etapa ya había aparecido once años antes de ser rodada.

La flor de mi secreto no es, ni de lejos, la única película que se relaciona implícita o explícitamente con otros títulos de Almodóvar. De las condiciones del rodaje de Entre tinieblas (1983) germina el guión de Los abrazos rotos (2009), que a su vez recrea casi plano a plano algunas secuencias de Mujeres al borde de un ataque de nervios (1988). Igualmente, esta última comparte con La ley del deseo (1987) la influencia fundamental de una misma obra teatral (La voz humana, de Jacques Cocteau). Chus Lampreave da vida a la portera de Mujeres al borde […] (1988) por segunda vez casi quince años después, en Hable con ella (2002). La decoración del set de La mala educación (2004) adelanta parte del argumento de Volver (2006) con el poster de una película llamada ‘La abuela fantasma’.

Marisa Paredes interpretando a Leo en «La flor de mi secreto» (1995)

El tejido de guiños, referencias e influencias entre las películas de Almodóvar tiene tantas capas como se le quieran encontrar; cuanto más se acerca uno a su cine, más conexiones encuentra entre sus películas. Quizás es, precisamente eso, lo que consolida lo que llamamos universo Almodóvar, mucho más que el casting recurrente, los colores saturados o las historias fabulosas.

No conozco, ni pretendo descifrar, las intenciones del director al manejar tal cantidad de autorreferencias. Con disfrutarlas tengo bastante. Quizás cultiva las ideas como si fuesen las plantas de un huerto; van germinando, cada una a su tiempo y con sus frutos, pero nacidas al fin y al cabo de la misma tierra y regadas por la misma agua. Me divierte imaginar al propio Almodóvar escribiendo un guión y, ante una línea de diálogo interesante, apuntar en un post-it: “Esto da para una peli de Almodóvar”.

Artículo redactado por Ana Rubio Chacón en colaboración con Ignotocracia.

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