El racismo no entiende de razas

Nos hemos acostumbrado a escuchar discursos de odio y supremacía de parte de aquellos a los que hemos considerado opresores pero, ¿qué pasa cuando los oprimidos se convierten en opresores u opresores en potencia? En este artículo dejaré que el lector sea el que saque sus propias conclusiones y me limitaré a poner a su alcance distintos discursos supremacistas o racistas para que pueda comparar.

Nazis vs judíos

Lo primero que se nos viene a la mente cuando hablamos de «razas superiores» es la Alemania nazi. Poco hay que contextualizar sobre los nazis y la Segunda Guerra Mundial; un hombre bajito con bigote y muy mala leche, seis millones de judíos ejecutados, un continente devastado, el espíritu humano roto y las ideas de progreso de la sociedad occidental destruidas. Fijémonos en este fragmento del vídeo del famoso discurso de Hitler «El triunfo de la Voluntad», en el que el Führer habla de una raza superior que debe guiar al resto.

Hermano del discurso anterior y sin pelos en la lengua, nos enfrentamos a la homilía supremacista de Menájem Beguín, Primer Ministro de Israel entre 1977 y 1983. Discurso pronunciado en el Parlamento israelí durante su mandato. Ah, y ganador de un Premio Nobel de la Paz.

Alt-Right vs Black Lives Matter

El movimiento Alt-Right (derecha alternativa) surge en Estados Unidos y tiene una marcada ideología de extrema derecha, tanto en lo político, rechazando a los conservadores por haber asumido ideales progresistas, como en lo social ya que rechazan la corrección política, la inmigración, el feminismo y la diversidad sexual.

En este fragmento de vídeo veremos una entrevista de Gary Younge a Richard Spencer, creador del término Alt-Right, en el que el entrevistado declara que los negros no son realmente norteamericanos y que los blancos están perdiendo su nación.

Frente a ellos, tenemos el movimiento Black Lives Matters. Surge a raíz de los asesinatos de dos afroamericanos; Michael Brown, y Eric Garner en 2014 a manos de policías estadounidenses pero el movimiento trascenderá y ampliará su lucha contra la brutalidad policial contra los negros y la desigualdad racial en el sistema de justicia penal de Estados Unidos.

El siguiente texto es un mensaje en redes sociales de esta simpática chica que nos sonríe, Yursa K. Ali, co-fundadora del movimiento Black Lives Matters en Toronto.

Pareciese como si, lejos de rehuir este tipo de discursos, estuviésemos volviendo a emplearlos como arma política, olvidando los desastres que han ocasionado estas propagandas en los recientes años 90, en casos como el de Ruanda en 1994. 

Ruanda: hutus vs tutsis

Mi madre siempre cuenta que recuerda estos sucesos con una especial empatía pues al haberme dado a luz pocos meses antes de que todo comenzara, y por tanto sentirse inundada de esas emociones que sólo una madre puede comprender, según sus propias palabras, tenía los sentimientos a flor de piel. Era como si pudiese sentir en sus propias carnes la desesperación de cada una de las madres a las que les arrebataban a sus hijos.

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Intentaré no extenderme mucho en la explicación de este conflicto ya que daría para todo un artículo, y el objetivo de este texto es acercaros distintos discursos racistas y no profundizar en ningún suceso en concreto.

En resumen, la población de Ruanda estaba formada por dos etnias: los hutus, la gran mayoría, y los tutsis, una pequeña minoría del porcentaje total. En un principio convivieron en relativa paz pero el punto de inflexión se da en 1993 cuando nace la RTLM, una emisora financiada por la facción hutu más extremista del partido en el poder. Desde primer momento la radio nace con la idea del genocidio,  donde la propaganda de odio y exterminio se turnaba con música pop y rock.

«Su aspecto es horrible con ese pelo espeso y barbas llenas de pulgas. Se parecen a los animales. En realidad, son animales. Las cucarachas tutsis son asesinos sedientos de sangre. Diseccionan a sus víctimas, extrayendo sus órganos vitales. Son bestias feroces. Pido que os levantéis y que luchéis usando todo lo que encontréis. Coged palos, garrotes y machetes, y evitad la destrucción de nuestro país».

A partir de abril de 1994 comienzan las masacres de la población tutsi, los cuales son señalados desde la radio propagandística para que la turba pueda ir a por ellos.

Veamos la naturalidad con la que la propaganda hostiga a las milicias a cometer estas atrocidades.

El resultado final tras tres meses de masacre y una tardía intervención de la ONU, que se negaba a admitir el genocidio de Ruanda, fue de 800.000 personas asesinadas, alrededor de un 80% de la población tutsi. Lo más sorprendente es que entre los tutsi y los hutus no existen ningún rasgo físico ni lingüístico que los caracterice, la única forma de detectarlos era al ver en su documento nacional a qué etnia pertenecían. El poder había conseguido una vez más transformar la frustración del pueblo en odio hacia una minoría gracias a los discursos racistas. 

Espero que el mensaje haya sido captado, no pretendía con este artículo emitir ningún juicio de valor. Simplemente buscaba desenmascarar una serie de argumentos que, aunque suenen como verdades objetivas y científicas, no son más que una herramienta de los poderosos para mantener su situación privilegiada. Debemos entender que el enemigo no es de raza o género, sino de clase, y luchar contra estos mensajes de odio que no buscan otra cosa que el «divide y vencerás». 

View Comment (1)
  • Muy de acuerdo, solo hay que ver Sudáfrica con el «KIll the Boer», árabes e israelíes, árabes y subsaharianos, índios y pakistaníes…

    El victimismo y la integración en colectivos son armas de destrucción masiva..

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