La Gran Redada, el plan borbónico de exterminio contra el pueblo gitano

La historia de la marginación y de la persecución del pueblo gitano es amplia y extensa. Siempre señalados, siempre apartados, siempre incomprendidos.

Los comienzos

Procedentes de la India, los primeros gitanos abandonaron su lugar de origen allá por el siglo XI, en constante peregrinación. Se fueron asentando en muy pocos lugares, teniendo siempre una condición puramente nómada, con un fuerte rechazo a la agricultura. “Gente que camina y hace caminar, sin cansarse, todo aquello que se le antoja”, llega a decir Don Quijote.

Mapa de los movimientos migratorios gitanos en Europa entre los siglos XII y XVI

Es debido a ello por lo que mantuvieron tradiciones propias, aunque asimilaron elementos culturales de las nuevas zonas a las que llegaron. Así, existen profundas diferencias entre el pueblo gitano, no siendo igual en las llanuras del sur europeo que en las montañas del este.

A la Península Ibérica llegaron en torno al siglo XV. Desde 1499 hubo unas 280 pragmáticas contra los gitanos en España. En tiempos de Felipe II, en el año 1571, muchos gitanos fueron capturados y forzados a ser remeros, siendo este uno de los trabajos más duros en los barcos de aquella época. Estos nuevos remeros sin experiencia alguna no recibían sueldo. No sería esta la única captura de gitanos para usarlos como esclavos, ya que volvería a ocurrir en el siglo XVII.

Cuando los borbones conquistaron la corona decidieron intentar asentar en lugares fijos a los gitanos de toda la península, fijando residencia forzosa en la mayor parte de las ciudades del reino. Esto provocó que durante bastante tiempo hubiera muchos gitanos sin hogar en la ciudad de Madrid esperando recibir una residencia. De todas las existentes, 881 familias gitanas fueron recolocadas.

El rey y su mano derecha

Sería bajo el gobierno del monarca Fernando VI, hijo del primer rey borbón, Felipe V, cuando surge el plan de exterminio, denominado como “Prisión general de gitanos”. El rey poseía una personalidad extraña, criado lejos de su familia y apartado de la corte, para no ser influenciado por nadie.

Cuando se casó, aún como infante, su vida no cambió : “Don Fernando y doña Bárbara podrían ser visitados cada uno por sólo cuatro personas, cuyo nombre y cargo se indicaba. No podrían recibir a otros embajadores que los de Francia y Portugal. Los príncipes no debían comer en público ni salir de paseo ni ir a ningún templo o convento.”

Cuando llegó al reinado intentó realizar reformas acompañado del Marqués de la Ensenada, personaje importante, aunque oscuro y desconocido por el gran público. Fernando VI sufría un trastorno psiquiátrico: no se lavaba, orinaba en su cama e impedía que se cambiaran las sábanas, fingía estar muerto o ser un fantasma, mordía a todo el que tenía cerca y dormía sobre dos sillas. Además, se rumoreaba que mezclaba con la comida sus propios excrementos. Lo único que lo calmaba era el opio que le suministraban.

Retrato del marqués de la Ensenada, por Pierre Jouffroy, 1770.

Su mano derecha, como hemos apuntado, era el Marqués de la Ensenada, Zenón de Somodevilla y Bengoechea, que planificó una serie de cambios aún siendo bastante conservador, creando una nueva Hacienda, una especie de banco estatal, intentando un impulso del comercio con América y la creación de una gran flota de barcos. Por todas estas cosas es muy reconocido, aunque no tanto por su horrible plan de persecución y exterminio del pueblo gitano. Fue consejero de Estado durante los reinados de tres reyes: Felipe V, Fernando VI y Carlos III.

El plan de exterminio

Se pretendía acabar con el pueblo gitano sistemáticamente. De manera secreta, el despacho ministerial encargado del ejército creó instrucciones muy precisas para los gobernadores de cada ciudad. Estas órdenes llegaron en sobres a todos ellos. No podían abrir dichas instrucciones hasta un determinado día. Nadie sabía realmente cuáles serían las órdenes. Al abrirse las cartas, los jefes debían organizarse para capturar al mayor número posible de gitanos. Los militares llegaron a las ciudades, las puertas de las ciudades se cerraron, las calles se cortaron, la gente fue interrogada, la violencia se extendió por toda la península.

Debido a la falta de estudios de este horror no se pueden asumir cifras concretas de las víctimas, aunque los números se mueven en varios miles de personas. Muchos murieron, otros pocos escaparon aunque la gran mayoría quedaron cautivos. En varias ciudades, como en Sevilla, hubo casos de revueltas por parte de las víctimas, que se negaban a ser secuestradas. En otras, los gitanos se presentaron voluntariamente, dudando sobre si todo estaba relacionado con su reasentamiento, siendo éste el plan inicial.

Los gitanos fueron encerrados en castillos o en barrios amurallados, como en Málaga. La captura de las víctimas fue sencilla, pero el traslado no tanto. De manera ruda y violenta, con grilletes, fueron transportados a través de los caminos. Los que lograban fugarse eran condenados a la horca.

Cuando todos fueron capturados, cosa que duró unas semanas, a las mujeres y niños menores de siete años se les separaban de todos los hombres. Ellos se convertirían en esclavos, trabajando forzosamente en arsenales y minas, mientras que ellas acabaron internas en cárceles o forzadas a trabajar en fábricas en condiciones pésimas. Las familias fueron separadas para que así no se pudiera engendrar más gitanos. La idea principal era acabar con ellos. Los bienes y posesiones de los gitanos fueron requisados y posteriormente subastados.

El Marqués de la Ensenada dijo el 7 de Septiembre de 1749 en una reunión sobre estos asuntos Falta lo principal, que es darles destino con que se impidan tantos daños y extinga si es posible esta generación.

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Las consecuencias

El plan sobrepasaba las capacidades del reino, ya que en realidad todo se improvisó mucho, no especificando si la persecución iba contra todos o si se debían excluir a los matrimonios mixtos, por ejemplo. El consejo del reino, saturado, mandó dejar a todos dentro de las prisiones hasta nueva orden.

Los que no eran gitanos se mostraron en su mayoría en desacuerdo con este plan que buscaba el fin del pueblo gitano en la península, como gente “muy respetable” de las altas esferas en Sevilla que pedían misericordia.

La antropóloga Teresa San Román mantiene la idea de que los consejeros del reino descubrieron que muchos de los gitanos eran profundamente necesarios para las economías locales, mientras que la mayoría de los más peligrosos seguían sueltos. Tanto es así que en 1751 y 1755 el gobierno del Rey establece una nueva orden, asegurando que se estaba deteniendo a “los gitanos equivocados”.

Los horrores de este plan de exterminio, aunque muchos sobrevivieron, provocó un desarraigo total en lo que quedaba del pueblo gitano desplazado, que no fue integrado en las nuevas comunidades. Pasaron de vivir en pueblos y ciudades conocidos por vecinos y políticos, participando de los mercados y artesanías, a ser personas señaladas en lugares desconocidos, sin propiedades ni recursos. Los que sobrevivieron fueron obligados a sedentarizarse, pero se les prohibía habitar en las ciudades y se les obligaba a trabajar pero no podían unirse a los gremios.

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En tiempos de Carlos III, en 1783, hubo una nueva orden que consistió en considerar a los gitanos ciudadanos españoles, aunque siempre fueron marginados, intentando destruir todo elemento que los diferenciara del resto. El arte de este pueblo en el sur peninsular, en aquellos años, era ya el flamenco, la mezcla cultural de todos los grupos y sociedades repudiadas por el poder durante años que significa el flamenco. La desarraigada influencia árabe, americana, africana y asiática converge en el pueblo gitano de una manera artística y de revolución. Es el flamenco el arte que intentará protestar y quejarse por la situación de este pueblo, maldito por ser libre, perseguido por querer ser distinto,  siempre martirizado. Aún quedan bares en Andalucía con carteles que rezan “Se prohíbe el cante”.

Iñaki y Frenchy:

Bibliografía

-Martínez Martínez, Manuel (2014). Los gitanos y gitanas de España a mediados del siglo XVIII. El fracaso de un proyecto de «exterminio» (1748-1765). Universidad de Almería. ISBN 978-84-16027-31-6.

-Martínez Martínez, Manuel (2004), «Los gitanos en el reinado de Felipe II (1556-1598). El fracaso de una integración.» En Chrónica Nova, 30.

-Martínez Martínez, Manuel, (2007) Los forzados de Marina en el siglo XVIII. El caso de los gitanos (1700-1765). Tesis doctoral, Universidad de Almería.

-San Román, Teresa (1997) La diferencia inquietante, Ed. Siglo XXI. Madrid. ISBN 84-323-0951-6

-Voltes, Pedro (1998). La vida y la época de Fernando VI. Barcelona: Planeta. ISBN 84-08-02617-8.

-Gómez Alfaro, Antonio (1993) La gran redada de gitanos: España, prisión general de gitanos en 1749. Ed Presencia Gitana, Madrid, ISBN 84-87347-09-6

-Angus Fraser (2005), Los gitanos, Ed. Ariel, Barcelona, 2005, ISBN 84-344-6780-1.

-«Después de presas todas las referidas familias se han de separar los hombres con los muchachos de siete años para arriba, y las mujeres con los de menor edad.» Instrucciones a un corregidor. Transcripción de A. Gómez Alfaro del legajo 1936.33 del Archivo municipal de Orihuela.

View Comments (3)
  • Muy interesante Iván.
    Mira que he vivido siempre pegado a una familia gitana, pero nunca me había dado por indagar un poco en su historia. Sabía o mas bien intuía que habián sido un pueblo maltratado y poco considerado( aún a día de hoy se les considera en muchos sitios como tal) pero nunca que su historia fuera tan cruenta.

    Lo dicho, me ha parecido muy interesante. Desconocía por completo este blog. Me lo apunto.

    Un saludo de un amigo y paisano.

    • gracias por tu comprensión tan humanitaria .ojalá comprendieran con el corazón como tu lo as hecho todos los demás. otros hasta encina nos insultan por medios de comunicación parecido ga este
      dios te bendiga

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