El Génesis en la cultura maya

Es fácil descartar las hipótesis de genocidio en América durante la conquista de los españoles cuando ignoramos el sistema de creencias de aquellas culturas que lo padecieron, y más aún si nos agarramos al argumento de la Leyenda Negra como si de un clavo ardiendo se tratase. Si bien, no podemos hablar de que la población indígena sufrió un genocidio ya que no hubo una política de exterminio organizada por parte de la Monarquía Hispánica, ni tampoco podemos negar que la práctica de malos tratos al indio fue extendida por todo el continente a manos de particulares, como ya fue denunciada en su día por Bartolomé de las Casas en su obra Brevísima relación de la destrucción de las Indias. De igual modo que no podemos negar que existiese un “genocidio cultural”, una búsqueda deliberada por destruir el sistema de valores, las creencias y prácticas religiosas, las jerarquías o el concepto de belleza, que se materializa en la obra de Pablo José de Arriaga, La extirpación de la idolatría en el Perú ,utilizado como manual para acabar con esta “mala praxis”.

De modo que hoy os traigo la concepción del universo maya, su propio Génesis, para que podamos conocer una visión de la Creación distinta a la nuestra y ser un poco más empáticos la próxima vez que debatamos con alguien sobre el tema de la conquista de América.

EL MITO DE LA CREACIÓN

Al igual que la mayoría de las religiones, el estado previo al mundo ordenado que conocemos, es el caos. Para los mayas, el origen y la estructura del universo comenzaron a rodar con la existencia del tiempo. Es el Sol, el ser divino que con sus movimientos circulares dan a luz al tiempo. Por ello las culturas precolombinas tuvieron una concepción cíclica del tiempo, al contrario que la concepción lineal del mundo occidental en el que existe un principio (el Génesis) y un final (el Día del Juicio Final), el pensamiento maya defiende la constante creación y destrucción del universo.

Sin embargo, comparten con el cristianismo la idea de que la creación fue puesta por los dioses al servicio del ser humano. De forma que Kukulkán hizo emerger la tierra y dio vida a la fauna y la flora para que tuviésemos un lugar donde habitar y cumplir el designio divino; venerar y alimentar a los dioses.

 

“Hay que reunirse y encontrar los medios para que

el hombre que formemos, el hombre que vamos a crear nos

sostenga y alimente, nos invoque y se acuerde de nosotros […]

que seamos invocados, que seamos adorados, que seamos recordados

por el hombre creado, por el hombre formado, por el

hombre mortal»

-Popol Vuh: 16.

 

Así que se pusieron manos a la obra, comenzaron creando al hombre de barro que supuso un auténtico fracaso ya que no consiguieron infundirle vida por lo que mandaron un diluvio para borrarlos. El segundo material con el que intentaron crear al hombre fue la madera, aunque lograron que tuviese vida y se reprodujese, no cumplía los designios divinos de adoración así que fueron convertidos en monos. Necesitaban por tanto encontrar un material sagrado que pudiera dar vida a esos seres humanos que se reprodujesen y cumpliesen la tarea de alimentarlos con su energía vital. El material elegido será el maíz pero los dioses deberían esperar a que sucedieran otros acontecimientos para poder utilizar el sagrado material.

 

EL NACIMIENTO DEL DIOS MAÍZ Y LOS ASTROS

Hun Hunampú era un semidiós que presumía de ser el mejor jugador de pelota de la superficie. Los señores del Xibalbá (del inframundo) estaban celosos de él, así que lo retaron a jugar un partido en el inframundo.

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Sin embargo, estos no tenían ninguna intención de jugar el partido y simplemente era una trampa para que descendiese al Xibalbá donde le pusieron una serie de pruebas que debía sortear para escapar. Pero no lo consiguió y en una de las pruebas fue decapitado y su cabeza expuesta en un árbol.

No obstante, la cabeza seguía con vida y un día que pasaba Ixbaquiyalo, la hija de uno de estos señores del inframundo, Hun Hunampú le escupió y la dejó embarazada. El padre de la chica al enterarse quiso matarla pero esta consiguió escapar a la superficie donde dio a luz a dos gemelos; Hun Hunampú (hijo) e Ixbalanqué.

Los gemelos Hun Hunampú e Ixbalanqué

Los niños crecieron y se convirtieron en grandes jugadores de pelota pero también en astutos magos. Así que decidieron bajar al Xibalbá para recuperar la cabeza de su padre. Tuvieron que sortear las mismas pruebas que su padre pero los gemelos eran más inteligentes y además magos por lo que consiguieron acabar con los señores del inframundo y recuperar la cabeza de su padre.

Al llegar a la superficie enterraron y regaron la cabeza de su padre que renació convertido en el Dios del maíz, Hun Hunampú (hijo) e Ixbalanqué se sacrificaron para convertirse en el Sol y la Luna, que ascendieron al firmamento y comenzaron su movimiento astral. Ahora ya existía el maíz, el material sagrado con el que se pudo crear al hombre con conciencia y que reconocía a los dioses, también existían los movimientos astrales y por tanto el Tiempo; los dos elementos necesarios para que el ser humano pueda existir.

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Plato cerámico en que el se representa en el centro de la imagen la cabeza de Hun Hunampú (padre) enterrada en la tierra de la que renace el Dios de maíz. En los extremos están representados los gemelos que están regando la cabeza de su padre.

LA MATERIALIZACIÓN DEL MITO

Serán este tipo de historias sobre el origen del cosmos las que constituyan los ritos y cultos religiosos en el área maya. Dos ejemplos de la materialización de estos mitos los podemos ver en la cancha de juego de pelota de Chichén Itzá y en la tumba de Pakal, gobernador de Palenque durante el siglo VII.

Muro de la cancha de juego de pelota en Chichén Itzá

Si nos fijamos con atención veremos a la derecha de la imagen un personaje que sostiene una cabeza cortada de la que brotan chorros de sangre en forma de serpientes y en el lado izquierdo de la imagen el cuerpo decapitado con sus serpientes sangrantes.

Esta es una muestra de que el juego de pelota no era un simple entretenimiento sino que era todo un ritual, un juego destinado a personalidades importantes en cuyos partidos representaban el movimiento de los astros y el nacimiento de estos. Uno de los bandos (los autores no se ponen de acuerdo si el ganador o el vencedor) sería sacrificado al igual que lo hicieron los dioses por los hombres.

Dibujo del sarcófago de Pakal

En esta imagen vemos el dibujo que adorna el sarcófago de Pakal. Se representa al gobernante enterrado y renacido como el Dios del maíz de cuyo vientre brota una ceiba, el árbol sagrado de los mayas que conecta los tres planos de la existencia; inframundo, superficie y cielo. En la copa del árbol se posa el dios creador.

Esta forma que ha elegido el gobernante de representarse no es casual ya que los gobernantes eran los intermediarios entre lo mortal y lo divino, eran semidioses que una vez muriesen se convertirían en dioses. Esta era una de las formas con las que legitimaban su poder de modo que se representa como el sustento del la realidad y encarnación de los dioses.

 

Fuentes:

Chilam Balam de Chumayel

De la Garza, M., Ilia, M., 2002: Religión Maya.

Popol Vuh

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