Corporocracia: el imperio sutil

Tras un opaco velo pseudo-democrático, los estados soberanos coquetean con la corporocracia, pero el juego puede llegar a su fin con la consecución de futuros tratados que desequilibren aún más las diferencias estado-corporación. Un proceso de construcción del devenir histórico nada halagüeño para las sociedades del primer mundo, a la par que devastador para el resto de civilizaciones.

“El poder en manos de empresas multinacionales” nos acerca a una mejor comprensión del término corporocracia -o corporatocracia-, usado con frecuencia en la política contemporánea; reflejo nítido de una situación que aboga por la privatización y mercantilización de todos los bienes, en detrimento de valores públicos sociales y ambientales.

Asumiendo que las leyes del mercado liberal -las reglas del juego capitalista- han derivado en una serie de prácticas de inexistente ética que únicamente crean mayor desigualdad, vemos un sistema que a priori, y según la teoría de Adam Smith, no pretendía alcanzar una situación donde una ínfima parte de la población tuviera la mayor parte de los recursos. Al contrario, y pese a ser el fundador de todo este tinglado, definía una sociedad en la cual las clases más bajas formaran parte de un “cierto bienestar colectivo”. Todo ello siempre en aras de un mayor consumismo, claro está.

En el siglo XX, la Primera Guerra Mundial desemboca en los 14 puntos de Wilson, presidente estadounidense durante el conflicto. En este texto, la voluntad norteamericana se centra en, además de buscar la pacificación de Europa, la desaparición de las barreras económicas. Curiosamente, fue el primer escrito oficial que aporta el concepto nuevo orden mundial. A continuación, los “felices años veinte” denotaron un progreso liberalista por la feliz consecución del conflicto en cuanto a beneficios; la implantación de la venta a plazos en EEUU desató un nivel de consumismo nunca antes visto. Las (ya) megacorporaciones estadounidenses eran el orgulloso estandarte del país garante del capitalismo.

El presidente de los Estados Unidos, Woodrow Wilson, pronuncia el discurso en el que incluye los 14 puntos. 1918.

No obstante, las primeras taras del sistema liberal y su uso se encarnaron en la Crisis del 29. Un jueves 24 de octubre -más conocido como Black Thursday– la economía estadounidense quebró tras una burbuja especulativa (qué raro). A raíz del problema, las intervenciones y pequeñas correcciones de los Estados se sumaron a las ideas del británico Keynes para acercarnos por primera vez a la idea del Estado del Bienestar (Welfare State). Pero al llegar a la Segunda Gran Guerra, de nuevo las corporaciones estadounidenses -y el propio gobierno- estaban generando miles de millones anuales mediante el abastecimiento de armas, petróleo y créditos a los diversos países beligerantes.

En todos los aspectos posibles, el país norteamericano había salido de la guerra en buena posición. Buena no, inmejorable. Estados Unidos no sufrió bajas civiles ni pérdidas materiales en los estados continentales (sí en Pearl Harbour – Pacífico). El país americano salió de la contienda con el 80% de las reservas de oro del mundo y un poder económico inigualable, incluso para la Unión Soviética, principal rival a continuación.

Es obvio que en un contexto así, Estados Unidos aprovechara para implantar un ambiente internacional propicio para su expansión comercial por otros mercados aún inhóspitos.

Las bases del nuevo orden económico se establecieron en el complejo hotelero de Bretton Woods (New Hampshire, Estados Unidos), en 1944. Aquí se celebró el famoso tratado internacional que sentenció a muerte la época de proteccionismo dada previamente en el siglo. Los países más industrializados decidieron una serie de medidas entre las que estaban la desregularización de las economías, la implantación del dólar como divisa internacional o la creación del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial. El poder de toma de decisiones por parte de los americanos fue notable, teniendo en cuenta que Europa era un enorme campo de batalla, el bloque comunista se retiró al no estar nada satisfecho con las medidas adoptadas y multitud de colonias aún luchaban por su soberanía.

Conferencia de Bretton Woods. 1944.

Aunque muchos relacionan este evento con el final del “patrón oro”, que regía el valor financiero de los Estados, lo cierto es que en este tratado se intentó afianzar alrededor del dólar, ya que estaba en crisis desde finales de la Primera Guerra Mundial. Pero no duró mucho. Tras 30 años, en la década de los 70, los norteamericanos habían impreso miles de millones de dólares para sufragar los enormes gastos de la Guerra de Vietnam; un pozo sin fondo que no evitó su única derrota militar hasta la fecha. Los países aliados comenzaron a abandonar este patrón viendo que la Reserva Federal de Estados Unidos hacía decaer cada día el valor de la moneda internacional. Francia, con Charles de Gaulle al frente, fue de los primeros en denunciar esta situación:

«Un sistema monetario basado en la moneda de una sola nación es un peligro para el mundo. El hecho de que muchos países acepten que el dólar es tan bueno como el oro ha llevado a los estadounidenses a endeudarse de manera gratuita a expensas de otros países, porque los Estados Unidos son los únicos que pueden pagar con dólares que solamente ellos pueden emitir. Consideramos necesario que el comercio internacional se establezca sobre una base monetaria indiscutible, como ocurría antes de las grandes desgracias del mundo, y que no lleve la marca de ningún país en particular. La verdad es que no puedo imaginar cómo uno podría realmente tener un estándar distinto al oro».

Finalmente, Nixon tuvo que acabar con este sistema de manera oficial en 1971 y desde entonces vivimos bajo el dominio de la misma moneda, solo que en este caso, escandalosamente, su valor recae en la confianza que se le deposita. Tal cual. La Reserva Federal sigue siendo una entidad privada que manufactura el papel-moneda de la economía más potente del mundo. Hoy en día, los bancos utilizan un margen de 9 a 1 para crear dinero de la nada. Cada día. Nunca ha habido tanto dinero y sin embargo la distribución nunca ha sido más desigual.

Por tanto, sin habernos desviado del tema principal, podemos seguir esa línea ascendente que las multinacionales han trazado en este contexto. La década de los 70 y 80 estará marcada por el mal llamado “neoliberalismo”. Esta corriente, proliferada por Milton Friedmann y la Escuela de Chicago y aplicada por lacayos como Reagan o Thatcher, partía de ideas como el “laissez faire”, pero realmente consistía en radicalizar las teorías primarias y provocar privatizaciones y desregularizaciones a tutiplén. Es un contexto en el que las grandes compañías pasan a desempeñar roles que asume y financia el Estado con impuestos de los contribuyentes.

Ronald Reagan, presidente de los Estados Unidos y Margaret Thatcher, Primera Ministra británica

Este fue el cuerpo teórico reinante que permitió a una amalgama de megacorporaciones multiplicar sus beneficios y así concentrar un inmenso poder. Un poder que cuidar, ejerciéndolo en muchos ámbitos para engrasar la maquinaria que permite que esta dinámica prosiga.

La corporatocracia es un sistema donde la libertad de los mercados impera sobre el resto de libertades y derechos, y donde el capital es tomado como único referente de poder, integridad y solidez. Así, las grandes empresas pueden abarcar más poder del que se les presupone comercialmente hablando. Es decir, una multinacional que se precie en el s. XXI buscará la publicidad multicanal (prensa, radio, tv, internet) para poder extenderse.

Entramos en los límites del periodismo y las empresas mediáticas. Los medios de comunicación que reciben estas cantidades publicitarias se deben por tanto a sus clientes. Es decir, empresas, y no las personas que compran un periódico (nostálgicas y bohemias) o están suscritas a medios digitales. Porque, lamentablemente, el mercado periodístico actual recibe más dinero de sus anunciantes que de los lectores por consumir información.

Iñaki y Frenchy

Pero además, dicha multinacional entrará en los consejos de administración de esos medios para lograr una mejor posición e intervenir en caso de querer alterar la confección de la agenda diaria de un medio (agenda-setting). En España, por ejemplo, es habitual la presencia de empresas de sectores ajenos a la comunicación en las juntas accionariales de grupos mediáticos. En este apartado destaca la banca: La Caixa, BBVA, Santander, BNP, Bank of America, Citibank, Goldman Sachs, Deutsche Bank, HSBC… Completan este variopinto collage numerosas y diversas empresas como fondos de inversión chinos (Hontai Capital –> Atresmedia), españolas como Telefónica y El Corte Inglés, además de reconocidas internacionales como AOL o Bertelsmann.

Es obvio, por tanto, que los medios no se deben a sus lectores y lectoras; mucho menos a la sociedad. Los medios de comunicación de masas son meros tablones de anuncios que deben ser rellenados de contenidos -escogidos de aquella manera- para que una persona decida consumirlo, nutriéndose así de una selección de noticias que alguien con ciertos intereses ha cocinado con esmero; todo mientras se zampa una ristra de anuncios que ayudan a alcanzar los 3000 impactos publicitarios que recibimos al día.

En definitiva, aunque las maneras de afianzar un sistema son numerosas, la sutilidad del imperio económico actual reside en el manejo e influencia sobre la información y en cómo esta es crucial para la expansión de ideas como la privatización, los recortes o el consumismo desmedido.

Los medios de comunicación pueden provocar miedo y rechazo ante asuntos que no son los verdaderamente problemáticos para un individuo social. Pero por contra, son capaces de lograr una aceptación progresiva de ciertas medidas polémicas e impopulares en un primer momento (estrategia de la gradualidad, Noam Chomsky). La sutilidad de manipular para vencer hace de la corporocracia un imperio -casi- infranqueable.

Fuentes:

El fondo chino Hontai Capital se convierte en el tercer accionista de Atresmedia https://www.elespanol.com/economia/medios/20180214/chino-hontai-capital-convierte-tercer-accionista-atresmedia/284722852_0.html

Quién es quién en el baile de accionistas de la Prisa pos-Cebrián https://www.elconfidencial.com/comunicacion/2018-02-22/accionistas-grupo-prisa-bancos-consejo-adminsitracion_1525984/

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Noam Chomsky: Las 10 Estrategias de Manipulación Mediática http://kaosenlared.net/noam-chomsky-las-10-estrategias-manipulacion-mediatica/

¿Por qué la moneda del mundo es el dólar? http://www.finanzaspersonales.co/columnistas/articulo/dolar-como-funciona-el-dolar-en-el-mundo/71291

Mapa mediático y conexiones. https://www.ymedia.es/media/mapa_medios/mapa-medios-2018.pdf

El estado de bienestar en el marco del sistema capitalista. ¿Tiene futuro o es inviable en el sistema globalizado actual? https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S2215910X14700096

Observatorio de Multinacionales de América Latina: Nexos entre la UE y la impunidad de las corporaciones. http://omal.info/spip.php?article8714

Impactos publicitarios al día https://www.muyinteresante.es/curiosidades/preguntas-respuestas/icuantos-impactos-publicitarios-recibe-una-persona-al-dia

Bibliografía

Chomsky, Noam. & Ramonet, Ignacio. 1995. Cómo nos venden la moto.

FRIEDMAN, Milton y Rose. 1983. Libertad de elegir.

Prieto, V. G. 2016. Grupos de comunicación, poder y democracia en la era digital. Principales estrategias y negocios en nuevas tecnologías (pp. 1094-1108).

Serrano, P. 2014. Desinformación: cómo los medios ocultan el mundo.

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